Con el tiempo aprendí que no todo lo que hay en mí es culpa mía, y con ello aprendí que, precisamente por eso, yo no tengo cura.
Y con el tiempo dejé de querer lo que quieren todos, dejó de importarme hasta el filo de la vida, para pasar a desear entonces esa sensación que me invadió una mañana de verano.
En su momento, espantosa. ¿Ahora? Ahora en ella culmina todo lo que soy, porque sé que cada fibra de mí está destinada a un futuro muy diferente al de los demás.
Aún en mí cabe la esperanza de encontrar otro final, uno que tal vez termie con una vieja sonrisa. Pero es que este corazón defectuoso ya solo late por inercia, y mi cabeza ya solo cuenta por costumbre.
Ojalá la vida fuera un poco menos fría, y me abrazase como él nunca hizo. Ojalá las noches no duraran tanto en mis ojos despiertos. Ojalá pudiera sentir, como sienten los demás.
Pero entre búsqueda y búsqueda, mientras nadie me encuentra y mi boca, cansada de intentarlo, no logra salvarme, ya solo puedo dedicarme a buscar un bonito epitafio que sustituya mi inconstante y defectuosaexistencia por una frase que sienta, como nunca pude sentir yo.

Sem comentários:
Enviar um comentário