quinta-feira, 21 de novembro de 2013

No doubts, no more.


Me preguntaron qué se sentía al ser querida incondicionalmente, no supe qué contestar...
Entonces pensé en él: mi pequeño, precioso y adorable tesoro. Ése al que valoro tanto, al que no cambiaría por nada del mundo. Él, el que me abraza cuando me siento sola, el que me apoya pese a todo, que me adora con todos y cada uno de mis defectos.
Ser querida incondicionalmente es estar en una playa al atardecer. Ser querida incondicionalmente es pasear en otoño y que de repente empiece a llover. Ser querida incondicionalmente es perder tus barreras sin esperarlo. Es dejar que alguien cure tus heridas y te acoja en su vida. Es tener miedo de que sólo sea un sueño. Es querer a alguien hasta lo infinito, y aún así ser lo suficientemente fuerte como para dejarte querer. Es no poder imaginarte una vida sin esa persona. Es perder el miedo a ser abandonada. Ser lo suficientemente madura como para dejar que alguien vea todo tu ser. Es pensar que a esa persona le puede pasar algo, y asustarse tanto que se te salten las lágrimas inmediatamente. Son abrazos sin fin. Son llamadas sin hora. Es lo más escalofriante y precioso que te puede pasar.









Y podría seguir describiéndolo eternamente, porque al fin y al cabo, eso es lo que tenemos por delante...


segunda-feira, 18 de novembro de 2013

185D


El color de mi pelo, la marca de mis ropas o el sitio donde viva. Mis amigos, mi instituto o mis zapatos. O las marcas de mi vida. Da igual las notas que saque, cuánto pese o cómo vista. A ti te importan los médicos que me siguen, qué piensen mis profesores. A ti te importarán las cifras,y las letras. No yo. Nunca yo. Y da igual qué estudie o en qué trabaje, siempre y cuando puedas exhibirme, ¿Verdad?.
No te importa que llore todas las noches durante horas, ni que sea emocionalmente inútil. Te dan igual los números que pasan por mi cabeza y las marcas que tenga por mi cuerpo.
Pero dime una última cosa:










¿Me querrás algún día, Papá?

sábado, 16 de novembro de 2013

Tachycardia


Murmuraba silenciosamente: "Tú tienes razón, él no. Tú tienes razón, él no."...
Intentaba concentrarse solo en la respiración, para no recordar sus palabras, pero ellas no hacían más que repetirse una y otra vez en su cabeza. 
Y le dolía. Le dolía tanto que le costaba respirar. Le había costado tanto superarlo la última vez que ya no se acordaba de lo mucho que le dolían esas palabras. Y allí se encontraba otra vez, abrazándose desesperada como si nunca hubiera ocurrido antes. 
Si eso se lo hubiera dicho otro, le hubiera dado igual. Pero siempre era Teddy. Y ella nunca podía evitar escucharle. 
El miedo la atemorizaba otra vez, y las lágrimas ya bajaban desconsoladamente por sus mejillas cuando empezó a pelearse con los impulsos desesperados de su cuerpo, que la intentaban llevar por el camino al que siempre la empujaban para llegar a la meta. "Esta vez no", pensaba. 
Pero en su cabeza ya solo había una voz, gritando furiosa:
- ¿ES QUE TE QUIERES QUEDAR GORDA TODA LA VIDA?