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segunda-feira, 5 de maio de 2014

Second Law of Sally


Estaba en la misma habitación de siempre, pero esta vez se encontraba sentada en el rincón de la derecha. El suelo le helaba las piernas, la pared le arañaba la espalda y no recordaba siquiera cómo había llegado hasta allí.
Sus sollozos se sumaban a los semi-ataques de pánico que le entraban cada vez que recordaba la conversación de esa misma mañana. El pelo se le echaba a la cara, saliendo de la coleta deshecha por la inesperada carrera matutina. El móvil, en estado lamentable, delataba un ataque de ira del que había sido víctima mortal. 
Y Marie, oh, la pobre Marie, después de haber pasado horas abrazándola y consolándola, y sin haber conseguido preguntarle qué le pasaba, se encontraba ahora sentada en la cama, con una taza de té en la mano, mientras la miraba con los ojos vidriosos, espectante.
Se quedó así durante mucho tiempo, hasta que Louise consiguió empezar a hablar. Primero, un susurro inaudible. Después, tartamudeos ininteligibles. Al final consiguió hablar, pero Marie desearía que no lo hubiese escuchado nunca. 

-Lo saben. 

-¿Cómo?- Las palabras de Louise tardaron en ser procesadas por una Marie desprevenida.

-Lo saben.

Y da igual lo que sucediera después, si Marie se desmoronase o tirase la taza de café contra la inmaculada pared de enfrente, si Louise se volviese loca o si siguiese llorando desesperadamente, porque a partir de ese momento, de esas palabras, todo había cambiado. Las cosas no volverían a ser nunca lo que habían sido, y después de eso todo se volvería oscuro, mientras el telón se bajaba silenciosamente en un teatro ya vacío...




sábado, 18 de janeiro de 2014

Escaping doesn't mean ending.


Era nochebuena y las calles del centro estaban llenas de vida. Los bares estaban hasta arriba de gente y costaba pasar entre los vasos que rebosaban y los movimientos siempre exagerados de la gente con copas demás.
Peggy le tiraba tan fuerte del brazo que a ni le dio tiempo de mirar el nombre de la discoteca en la que tan estrepitosamente entraron. El ambiente era ligeramente rockero y oscuro, pero los continuos flashes de neón y la bola de luces parecían llenarlo todo.
Siguieron andando hasta que llegaron al final de la sala donde Peggy le presentó a su novio y a un par de amigas más. Cuando volvió de la barra con su bebida, escuchó detrás suya:
-Louise, ¿verdad?
-Si-contestó-, y tu ¿eres...?
-Una bebida un poco fuerte, ¿no?- su sonrisa iluminaba toda la sala-. Soy Marie, acabo de llegar.
-Ah, la famosa Marie-"¡Por fín!" pensó, sonriéndole cariñosamente.
Era ya el final de la noche y ya solo quedaban ellas dos, riéndose como locas en el sofá de la discoteca, cuando empezó a sonar esa canción y Louise empezó a tararear por lo bajo: "I'm a rocker, I'm a roller...". Marie empezó a cantar, y sin parar, se levantó. Cogiéndola de la mano, la arrastró a la pista de baile.
-¿Qué haces?- preguntaba Louise entre risas.
-Crear memorias.
Louise no volvió a preguntar. Y por primera vez en mucho tiempo, se relajó y se dejó llevar por las locuras de Marie. Y cuando se dio cuenta, estaban las dos bailando como locas mientras cantaban a todo pulmón:
"Got slicked back hair,
Skin tight jeans,
Cadillac car
And a teenage dream."

Y cuando llegó el final de la canción, se besaban tan intensamente que ni lo notaron.

terça-feira, 15 de outubro de 2013

"They won't let her live"


Eran las dos de la mañana de un sábado cualquiera y, quizás fueran las sábanas, o sus ojos, pero  por algún inexplicable motivo, todo parecía diferente. Incluso la torre se veía diferente.
Y Marie, "Dios mío"-pensó mientras le acariciaba el pelo-, Marie estaba preciosa esa noche: sus ojos verdes que tanto le gustaban brillaban más, y estaba sonrojadamente perfecta. Quizás era eso lo que hacía que hasta el aire pareciera diferente.
Ambas se acercaron otra vez, lentamente, y sus labios se perdieron una vez más, dándole una oportunidad a que su corazón respirase por fin. Marie era distinta a todo lo que Louise había vivido antes. 
Marie rebosaba vida por todos los poros, sus ojos se lo decían todo. Siempre que se abrazaban, Marie le rozaba con el alma, no como su pasado.
Sus labios se separaron después de un buen rato, pero los ojos de Marie ya no le miraban igual. Ambas sabían lo que venía a continuación.
Louise se incorporó, mientras Marie la miraba en silencio. 
Cuando acabó de vestirse, Louise cogió su bolso y se acercó a la puerta, mirando atrás una vez más.
Los ojos de Marie seguían brillantes, sí, pero ahora tenía dos pequeñas líneas que bajaban por sus mejillas, resplandeciendo ligeramente a la luz de la luna que entraba por la ventana. A Louise se le hizo insoportable verla así otra vez.
-Por favor, no te vayas, Louise- suplicó, con una voz que le rompió lo que le quedaba de corazón a Louise.
Ella abrió la puerta, aún mirando a Marie, con la diferencia de que apenas podía ver: las lágrimas estaban luchando por salir de sus ojos. - Te quiero-dijo Marie en una voz casi inaudible.
Louise se giró y salió fuera. Un "Te quiero" se escapó silencioso entre sus labios, helando sus sangre. Pasaron segundos largos minutos tal vez, hasta que cerrando la puerta detrás suya, se encaminó hacia la salida del edificio. 
No se resistió más a la lucha contra las lágrimas, dejando que cayeran descontroladamente bajo sus ojos.