segunda-feira, 27 de maio de 2013

Eight

 Era verano y hacía calor. Me acerqué al jardín ese tan precioso que había visto aquél día. Una señora se sentaba en un banco, pensativa, mientras yo seguía paseando, pensando.
Ese jardín tenía algo que siempre había captado mi atención, algo que me atraía hacia él, que me llamaba, aunque solo ese día supe realmente el por qué.
Lo supe cuando miré abajo: rosas rojas. Un mar de preciosas rosas rojas iluminaba todo el jardín, dándole un aspecto maravilloso, fuera de lo común. Imperfectamente perfecto, como tu.
-Te he echado de menos- dije.- No sabes la falta que nos haces, lo necesario que es ver tu sonrisa otra vez.
Una brisa de aire rozó mi brazo, acariciando mi espalda. Era todo lo que necesitaba saber.
-Te quiero- seguí.
Una sonrisa se dibujó en mis labios lentamente mientras mis ojos se llenaban de lágrimas con sabor a marshmellows.
Al girarme, la señora del banco me miraba boquiabierta, con cara de espanto. Y me siguió mirando hasta que su vista dejó de alcanzarme.
Ella no lo sabía. No lo sabe nadie. Solo tu y yo.
"Solo tu y yo", pensé mientras la sonrisa más grande del mundo se formaba en mi cara.


sábado, 25 de maio de 2013

Hero



Casi un año... Es increíble que hará casi un año... No sé como he podido aguantar tanto tiempo.
Te echo de menos, ¿Sabes? 
Sí, lo sabes, de sobra. Igual que sabes lo mucho que te quiero... Sin tí, yo no estaría aquí, ni en ningún sitio. 
Nunca te irás, eso lo sé ahora. Porque alguien tan grande como tú nunca se va, nunca se olvida. Alguien que siempre tenía una sonrisa, alguien tan inteligente y sensato, y sobretodo tan amado, no se va. 
Gracias por todo lo que hiciste por mi. Tú, que siempre estuviste orgulloso de mí, aún cuando todo lo hacía mal. Tú, que al llamarla lo primero que hacías era preguntar por tu niña. Tú, que me diste el mejor momento de mi vida. Tú, que me mirabas siempre con esos ojos dulces llenos de amor y esa sonrisa en tus preciosos labios. Tú, que fuiste, eres y siempre serás, mi héroe. 
Tú, que que no dijiste adiós. 
Tardé mi tiempo en entender que no lo dijiste porque no te has ido. Tardé mi tiempo en sentirte, como te siento ahora. Tardé mi tiempo en saber que siempre estarás allí, abrazándonos, guiándonos cuando todo vaya mal. Porque incluso después de todo, fuiste la persona que me trajo un poco de cordura. 
Te quiero, para siempre.

quinta-feira, 2 de maio de 2013

Lightless


"Vete Deb. Vete ya de una puta vez. Déjame en paz, joder. ¿Es que no crees que has hecho ya suficiente?"-grito en silencio.
"Hahahahahahahahah... Estúpida... Sabes perfectamente que no me voy a ir nunca. Ni ellas tampoco. Nadie se va a ir de aquí. Y tu menos, gilipollas."- aún no sé por qué siempre me sorprende lo fría que es.
"No vas a ganar esto, no lo vas a hacer. Te conozco demasiado bien ya, Deb."
"Inútil de mierda, te crees de verdad que no voy a ganar? Ya he ganado, ¿no lo ves?"- y esa sonrisa irónica tan suya sale de su boca, ahogándome entre mis lágrimas heladas.-"Mírate al espejo. ¿No ves lo miserable que eres? Mira todo eso, mírate a la cara, y sobretodo, mírate a los ojos: ¿Ves como me quieres?"
Me vuelvo a la cama. Mis ojos ya se han cansado de llorar por hoy. Me arropo con las sábanas y me abrazo a él, intentando no oírla. Pero ella sigue con su discurso:
"No me voy a cansar nunca. Y sabes que en el fondo, hasta agradeces que esté yo... Porque dime, idiota: ¿Ves a alguien más?"
Y diciendo esto, me abraza con su piel agridulce, balanceándome, y poco a poco nos vamos durmiendo entre llanto y estrellas.

quarta-feira, 1 de maio de 2013

Loveless


Seis de la tarde de un jueves cualquiera.
Ella va andando tranquilamente, ponderando todos y cada uno de sus pasos.
Lágrimas cayendo de sus ojos verdes le acarician las mejillas. El viento de marzo revolotea su pelo y le refresca las manos.
Se para a la mitad y contempla el frío sol de invierno en los reflejos del agua que tranquilamente desciende.
Sus ojeras revelan un mundo escondido, y su mirada desprende un abanico de emociones a los que ya está acostumbrada y que nadie se imagina.
Hoy no es. Probablemente ese día no llegará nunca. Es una cobarde, y lo sabe demasiado bien como para mentirse a si misma por enésima vez.
Y dando media vuelta, se aleja, dejando atrás su única esperanza. 

Ella, tenía doce años.