quinta-feira, 8 de março de 2012

Numb.



Y dos semanas después, ellas siguen ahí... No se han ido y aunque a veces me olvide de ellas, ellas siguen ahí: esperando un mínimo descuido para denunciarme, para gritarle al mundo lo que yo no soy capaz de pronunciar, lo que nadie es capaz de descubrir, lo que todo el mundo finge no ver.
Pensé que se habían ido, junto con el dolor posterior a la acción, junto con ella. Ella, al rojo vivo. Ella, tan viscosa como siempre, tan bella y a la vez tan dolorosa. Ella, la que intenté esconder esa noche, esa noche en la que dejé mi estado ya habitual de insensibilidad, la que esa noche chilló tan silenciosamente como siempre...
No pensé que jamás volvería a verla, pero apareció en esa noche, que nada en particular parecía tener hasta ese momento...
Porque vivo una doble vida. Porque por la noche,todas las noches, cuando la ciudad calla y sólo mi luz sigue viva, su amante, el corazón, despierta, y con él ese dolor que le pide a gritos salir, le pide una solución, algo que me reviva... Y el corazón le contesta que no la encuentra. La mente, transtornada, susurra que ya no puede más...
Pero esa noche, esa noche la mente gritó que se acababa, las venas se agitaron de miedo, y mi mejor amiga me besó. Agridulces y suaves besos que alivian momentáneamente mi alma, y cuando ésta se aparta, la veo a ella, al rojo vivo, color fuego, color carmín...
Mis lágrimas saladas pero con sabor ácido me queman y entonces todos dicen que ya acabó, que por esa noche ya es suficiente... Y ellas, sólo ellas se quedan, durante horas, días y semanas, recordándome todo lo que soy, fui y seré.

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