sábado, 14 de dezembro de 2013

N.A.


El tejado estaba frío pero ella seguía sentada allí, mientras el viento hacía que su pelo volase desordenadamente.
En el mp3 sonaba una canción, esa canción, con la que ella lo predijo todo. Había estado intentando salir del espacio todo ese tiempo, por miedo a los agujeros negros. Los veía a lo lejos, sabiendo que algún día la cogerían, y sin embargo no conseguía salir. Ese era su problema, nunca supo como salir. Y ahora, estaban cerca.
Se echó atrás, dejando que todos sus esquemas cayeran encima de ella, rompiendo su caparazón. Ahora que estaba sola, podía finalmente llorar. No tenía que fingir nada.
Y se dejó estar allí, en la calma, mientras toda la ciudad corría estresada. Y cuando comenzó a anochecer, ella se fue acomodando entre las tejas, esperando a que le llegara el sueño.
Pero el sueño nunca llegó, ni él tampoco.
Porque las chicas como ella, por las noches solo duermen.




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