Murmuraba silenciosamente: "Tú tienes razón, él no. Tú tienes razón, él no."...
Intentaba concentrarse solo en la respiración, para no recordar sus palabras, pero ellas no hacían más que repetirse una y otra vez en su cabeza.
Y le dolía. Le dolía tanto que le costaba respirar. Le había costado tanto superarlo la última vez que ya no se acordaba de lo mucho que le dolían esas palabras. Y allí se encontraba otra vez, abrazándose desesperada como si nunca hubiera ocurrido antes.
Si eso se lo hubiera dicho otro, le hubiera dado igual. Pero siempre era Teddy. Y ella nunca podía evitar escucharle.
El miedo la atemorizaba otra vez, y las lágrimas ya bajaban desconsoladamente por sus mejillas cuando empezó a pelearse con los impulsos desesperados de su cuerpo, que la intentaban llevar por el camino al que siempre la empujaban para llegar a la meta. "Esta vez no", pensaba.
Pero en su cabeza ya solo había una voz, gritando furiosa:
- ¿ES QUE TE QUIERES QUEDAR GORDA TODA LA VIDA?

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