quinta-feira, 21 de novembro de 2013

No doubts, no more.


Me preguntaron qué se sentía al ser querida incondicionalmente, no supe qué contestar...
Entonces pensé en él: mi pequeño, precioso y adorable tesoro. Ése al que valoro tanto, al que no cambiaría por nada del mundo. Él, el que me abraza cuando me siento sola, el que me apoya pese a todo, que me adora con todos y cada uno de mis defectos.
Ser querida incondicionalmente es estar en una playa al atardecer. Ser querida incondicionalmente es pasear en otoño y que de repente empiece a llover. Ser querida incondicionalmente es perder tus barreras sin esperarlo. Es dejar que alguien cure tus heridas y te acoja en su vida. Es tener miedo de que sólo sea un sueño. Es querer a alguien hasta lo infinito, y aún así ser lo suficientemente fuerte como para dejarte querer. Es no poder imaginarte una vida sin esa persona. Es perder el miedo a ser abandonada. Ser lo suficientemente madura como para dejar que alguien vea todo tu ser. Es pensar que a esa persona le puede pasar algo, y asustarse tanto que se te salten las lágrimas inmediatamente. Son abrazos sin fin. Son llamadas sin hora. Es lo más escalofriante y precioso que te puede pasar.









Y podría seguir describiéndolo eternamente, porque al fin y al cabo, eso es lo que tenemos por delante...


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