segunda-feira, 27 de maio de 2013

Eight

 Era verano y hacía calor. Me acerqué al jardín ese tan precioso que había visto aquél día. Una señora se sentaba en un banco, pensativa, mientras yo seguía paseando, pensando.
Ese jardín tenía algo que siempre había captado mi atención, algo que me atraía hacia él, que me llamaba, aunque solo ese día supe realmente el por qué.
Lo supe cuando miré abajo: rosas rojas. Un mar de preciosas rosas rojas iluminaba todo el jardín, dándole un aspecto maravilloso, fuera de lo común. Imperfectamente perfecto, como tu.
-Te he echado de menos- dije.- No sabes la falta que nos haces, lo necesario que es ver tu sonrisa otra vez.
Una brisa de aire rozó mi brazo, acariciando mi espalda. Era todo lo que necesitaba saber.
-Te quiero- seguí.
Una sonrisa se dibujó en mis labios lentamente mientras mis ojos se llenaban de lágrimas con sabor a marshmellows.
Al girarme, la señora del banco me miraba boquiabierta, con cara de espanto. Y me siguió mirando hasta que su vista dejó de alcanzarme.
Ella no lo sabía. No lo sabe nadie. Solo tu y yo.
"Solo tu y yo", pensé mientras la sonrisa más grande del mundo se formaba en mi cara.


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