
Ella es fuerte, pero no lo sabe. Se levanta cada día con ojeras bajo sus verdes ojos y una última llama de esperanza en su corazón sangrante. Sólo por aguantar lo que viene después ya es una heroína. Porque no es necesario llevar capa para serlo ni para que se note.
Porque cuando cierra los ojos las visiones de sus peores momentos la persiguen: esos días de instituto de una niña fea, gorda y víctima de bullying; esas noches llorando, para parecer felíz de día, diciendo que las ojeras son del cansancio; por el día negro, ese en que las lágrimas ajenas le dolieron más que las suyas propias; porque el espejo es mentiroso, y sólo le enseña lo que ella quiere ver, y no lo que hay en realidad; por esas tardes de besos que añora, no por la persona, sino por el sentimiento; por esas cosas que un día no pudo quitarse la cabeza; la sangre que se derrama por las noches; por el esfuerzo que no da sus frutos; por la violencia de su infancia, y el fin de ella; por esa felicidad que tanto añora y por la lista que no acaba...
Es fuerte porque después de las lágrimas se levanta y finge que no ha pasado nada, y sigue luchando por su futuro. Es fuerte porque sigue luchando aún creyendo que no tiene motivos. Es fuerte...
...Y no lo sabe.
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