
Cerró los ojos y respiró hondo. Una lágrima brotó de ellos y contornó su cara. Los abrió y miró en el espejo, mientras se tocaba la cara con sus manos, impregnadas de sangre: "Realmente soy detestable", pensó.
Recordó entonces la imagen de su madre, minutos antes. mientras le decía palabras indescifrables, huecas, sin significado. Había asentido mudamente a todo, pese a que no entendía nada. Le daba igual lo que estuviera hablado, ya había dejado de escuchar y solo quería que todo acabara.
Tenía un dolor de cabeza increíblemente fuerte, ganas de vomitar y un rastro de lágrimas en sus mejillas que no paraba de ensanchar.
Era infeliz. Jodidamente infeliz, desde hacía ya más de un año. Y no sabía como cambiar eso. No tenía pasado, y no tenía futuro: era una fracasada. Una auténtica fracasada.
Se sentía tan destrozada por dentro desde hacía tanto tiempo que se iba dejando arrastrar por el agua, fría como el hielo. No sabía que hacer y solo quería acabar con todo de una vez por todas. Porque ella, estaba sola. Ella, no valía nada.
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