Mis cartas fallan, todas ellas. Aposté en un Tres de Copas y me salió As de Espadas. Mi cabeza da vueltas sin saber adónde girarse, todo se volvió negro hace mucho.
Las lágrimas brotan en mis ojos a cada duda que tengo, a cada paso torpe que doy. Me prometieron el cielo y no veo lo por ninguna parte.
"Sigue tu propio camino", me dijeron. Y ahora no sé siquiera si ya he llegado o si debo seguir adelante... Ni sé si quiero.
No sé siquiera si debería estar dejando que leas esto, no sé siquiera si lo leerás algún día.
Y mientras tanto, las voces en mi cabeza me gritan que no soy suficiente para nada ni para nadie, ni nunca lo seré. Y me lo creo.
Cada uno tiene su cruz, y no, la mía no es estar perdida.
La mía es no poder encontrarte.
La mía es escucharlas toda mi vida.

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