Esa niña segura de sí misma, maravillosa, con ganas de amar, de saborear todo lo que la vida tenía para ella, sin miedo a hacerse daño.
Ella no temía al futuro, su pasado estaba zanjado y vivía cada día como su fuera el último. Disfrutaba de cada detalle del mundo y encontraba en él una belleza que nadie más podía encontrar. Cada gota de lluvia, hoja o pestaña, significaban para ella la perfecta imperfección de la naturaleza.
Pero ahora, vive encarcelada desde hace tanto tiempo que ya casi nunca desea salir. Y mientras tanto yo voy viendo como todo cambia, como la necesito a morir y como he dejado casi de vivir.
Pero, si ella aún vive ahí dentro después de tanto tiempo, quizás todavía no esté todo perdido.
Esto va dedicado a todas aquellas personas que me sacan adelante cada día,
y en especial a la persona que ha dicho que cambiaría mi vida.
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