Si fuera fuerte, no hubiera caído la primera vez. Y si fuera valiente, hubiera tenido fuerzas para levantarme la segunda. Y me admiran por no hacer esas cosas que creen ser de débiles, ignorando que el hecho de que no las haga, no significa que no quiera hacerlas, que no esté deseándolo a cada segundo.
A veces, solo entonces, soy libre, cuando nadie me ve. Y la libertad se cala en mi cuerpo, en mi cabeza, y creen que es bueno, pero cómo duele ser libre.
Y nadie sabe lo que pasa después, porque los gritos no se escuchan y el alma ya ni llora. Porque los que sobreviven a ello, se van.
Y yo, por la mañana, seguiré existiendo, fingiendo que sus voces siguen ahí.
Piensan que estoy libre y que soy una rebelde. Piensan que soy valiente, y oh, ¡cómo están equivocados!

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